Wilson es mi jefe, trabaja poco, es lento para tomar decisiones, las dilata como si esperara que el transcurrir del tiempo diluyera o desapareciera los problemas. Asi son todos los hombres, pero mi jefe es un moelo destacado. Su lema gerencial parece basarse en la sentencia; no hagas hoy lo que puedes dejar para mañana! y su filosofía dice; tienes un problema, si tiene solución no te preocupes porque pronto ya no será un problema, si el problema no tiene solución no te preocupes porque no puedes hacer nada. Ahora, si no se lo puede delegar ve buscando una cabeza de turco para echarle la culpa de lo que pueda ocurrir.
Por lo que se Wilson, ha trabajado cinco años en la empresa, lleva dos años como jefe de sucursal, pero que jefe, cuando hay visitantes se luce, se muestra autoritario y grosero, como su heroe cinematográfico Van Dame, le faltan las patadas a la nuca, pero apenas se van, retorna a su actitud indecisa y pasiva. Llega todos los días una hora después de iniciarse la jornada, con sorna comenta, si se le hace un reclamo por atrasar una junta, “todos se fijan que soy el último en llegar, pero nadie se da cuenta que soy el primero que se va” y suelta la risotada.
La sucursal no consigue clientes nuevos desde hace dos años, cuando como nuevo gerente se le hizo responsable de las ventas. Mas bien, cuando los clientes lo invitan a que los visite, generalmente les promete el oro y el moro, mientras les hace pistola con los dedos de los pies. Con el tiempo los clientes enojados por el incumplimiento de las promesas de cumbiambero dan por terminado el contrato. Así la BOA ha cedido participación a sus competidores, poco a poco ha labrado una pésima fama, de proveedor que faltonea y mama gallo.
En la oficina nos atemoriza la situación, se cierran periodicamente frentes de trabajo y no se abren nuevos. Nos hemos puesto de acuerdo implicitamente entre los tres jefes de área. Como sabemos que hablándole duro y serio manejamos a Wilson, hemos tomado las riendas de los acontecimientos, aprovechando que ahora falta también todas las tardes, pues llama a decir que está visitando un cliente, aunque todos sabemos que debe andar con la moza en un motel. Lo suponemos, aunque no nos importe, porque Teresa, su esposa lo llama a la oficina cuando tiene el celular apagado.
El único problema que aún tenemos son los gastos pequeños pues Wilson se lleva la caja menor en el bolsillo.
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