viernes, 26 de octubre de 2007

La vida de Yiyo

Está sentado frente a una mesa de madera, que se bambolea con el vaiven de su silla empinada en dos patas. Son las diez de la mañana y ya se aplicó dos wiskies. Recuerda a la abuela que lo crió, cuando le advertía, te vas a caer muchacho! Si supieras Lucha, que de verdad estoy cayendo de culo para el estanco, porque los trásfugas de Hetor Mario y el diputado Garcia, me aventaron con los periodistas. Esos buitres capitalinos, que se divierten haciendo trizas a los políticos de provincia y a los que venimos del estrato popular. Eso si, a sus compinches de bebeta como los senadores de Bogotá, que casualmente son mis jefes, los respetan. En este país, se sospecha del ascenso social, los Pombo, los Santos y los Sanz, me llaman lobo arribista, pero vueven a buscarme tarde que temprano, cuando necesitan los voticos. No le das pena montarse en mi camioneta cherokee cuando subimos a la provincia a recorrer cabeceras y veredas municipales. Yiyo habla consigo mismo olvidándose que le acompaño, de repente sus ojos hepáticos me miran para decirme, escriba eso macho!

Adoptando la costumbre del altiplano, Yiyo usa sombrero de fieltro, vestido completo de paño, camisa blanca de mancornas y una corbata lila de seda italiana, que le regalo el jefe del partido cuando en la convención departamental le dieron el aval para representar al partido en las próximas elecciones para diputados de la asamblea. Ocurrió hace apenas dos meses, pero parecen días lejanos, la campaña lo tiene agotado. Viajar por los 60 municipios para cuadrar líderes y comadres es una mamera. la seguidilla de sancochos, viudos, ajiacos, hasta terneras a la llanera, las promesas vagas que la gente sabe chimbas, lo agotan a uno, pero con frecuencia tiene sus ricas recompensas, las muchachas más avispadas del pueblo; ellas saben por donde va el agua al molino, se hacen de rogar un ratico, pero les gusta la idea de pensarse diputadas. Yiyo, mientras apura un trago que pasa con uchuvas piensa que en cuarenta años la política no ha cambiado mucho. Su propia madre en los años sesenta, una robusta y morena india de Yacopi, bastante volantona, era asidua de las fiestas y francachelas, de las campañas de entonces. La abuela Luisa siempre pensó que su nieto, el mayorcito, tenía los mismos ojos del ex-gobernador Pinzón. Lo alboratado que fue el niño, su hablantanería, su altivez, no permitían vislumbrar el animal político, que llevaba en su interior. Solo a los catorce años de edad cuando al pueblo llegaron los muchachos reclutando “heroes del pueblo”, Yiyo salió como pepa de guama a esconderse. Cuando volvió al pueblo, ya los paracos lo habían limpiado. Entonces para protegerse de ahi en adelante, tomo partido, decidió pedirle chanfaina al concejal Palomeque, quien era candidato para ser alcalde en la primeras elecciones populares para alcaldías municipales que se hacían en el país. La fuerza política del doctor era avasalladora, ni la maquinaría oxidada del alcalde en ejercicio, pudo detener la aplanadora de billete, el patrocinio venía de lejos, de Pacho, y de Puerto Boyacá, pero era efectivo, bastante efectivo.

En la discoteca mientras se escuchan a todo volumen los éxitos mas recientes de la musica de despecho, reconoce la voz de su compadre Harry Rivera, conocido en su puebo como “guayuco”, hoy es el rey del arrabal en todo el país, con decirle que tres veces ha aparecido en el show de Jorge Barón. Yiyo sabe que si aún tiene algunos amigos leales, uno de ellos es “guayuco”. Juntos pasaron muchos sudores y sustos en Puerto Berrio, en la Dorada, cuando recibieron entrenamiento de milicia de un gringo, que llamaban coronel Yair. Todavia conserva en sus sueños la mirada interrogadora de los campesinos de la zona, que ellos eliminaban personalmente en su entrenamiento, una vez que un informante, los señaba como miembros de la UP. Los mamertos se iban derechito para el infierno. Vaya si hemos hecho patria!, se escuchó decir Yiyo mientras se bamboleaba de atrás a delante, una y otra vez. En estos tiempo de paz, en cambio, se nota la prosperidad, el gobernador actual me tiene en gran estima para los negocios, ha descargado en mi la responsabilidad política de la contratación del departamento, le consigo participación deslizandome como un tigrillo entre contratistas, concejales, diputados y colegas alcaldes. En Bogotá, los mismisimos senadores me llaman Doctor Gonzalez, pero se que les cuesta un poquito. Desde que se hicieron públicas en una revista unas supuestas grabaciones, sólo lo ha citado el gobernador para tranquilizarlo, pero sabe que lo lleva con la doble. Al menos no le retiraron el aval del partido. Los que hacen el escandalo en la prensa realmente quieren la cabeza del gobernador, un joven aristocráta prometedor. Que apenas conoció a Yiyo siendo el mejor alcalde de Cundinamarca, lo invito a trabajar en su grupo. Había filin como dicen los gringos.

La putana de su madre se llamaba Rosalía Gonzalez, se perdió con un cirquero, solo un año después de haberlo parido. La abuela Lucha resignada lo había acogido y lo crió con todo lujo de detalles para que fuera el varón que nunca hubo en la casa. Asi, bien atendido, bien aseado y alimentado, machito, creció el joven exigiendo y demandando favores. Luego esa educación se convirtió en una cualidad, especialmente para pedirselo a las mujeres. Habia aprendido la marrulla, a manejar la lengua, dulce filuda y pegajosa, tenía labia. Cuando a los veintidos era concejal de Yacopí, ya tenía al menos cuatro párvulos berriando en las veredas. Pero a los cuarenta y cinco años, no se habia casado y no se le conocía moza estable, por lo que sus enemigos le hacían correr la fama de maricón. Lo que no le gustaba a Yiyo, pero hacía poco para desmentir. Su grupo de escoltas conformado por cinco jovenes paisas bastante atractivos, parecia apoyar la malediscencia. Sin embargo en dos ocasiones Yiyo, había recibido pruebas de su fiereza y de su lealtad para protegerlo.

Joven y usted, puede votar el próximo domingo a pesar de ser extranjero?

Rupert Cooper, su corresponsal EMAITI

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